El escenario de la bomba de relojería

La prohibición absoluta de la tortura es a veces puesta en duda por motivos de seguridad o de lucha contra el terrorismo. Los argumentos empleados se basan a menudo en el hipotético escenario de la “bomba de relojería”.

En un escenario de ese tipo, la policía captura a un terrorista de quien sospecha haber colocado una bomba a punto de explotar en medio de una gran ciudad. La policía cree que sólo con la tortura podrá hacer que el sospechoso revele la información necesaria para evitar la muerte de miles de personas. La pregunta que se plantea es “¿es lícito torturar a esa persona?”

Con esta hipotética situación se intentan manipular las reacciones emocionales del interlocutor y se presume lo siguiente:

  • Existe una amenaza conocida
  • El ataque es inminente
  • El ataque acabará con las vidas de un gran número de personas
  • El detenido es el autor del ataque
  • Esta persona posee información con la que se evitará el ataque
  • Sólo torturando a esta persona se conseguirá la información a tiempo para evitar el ataque

No obstante, en las situaciones de la vida real, una o más de estas suposiciones suelen ser falsas. Respecto al último apartado, por ejemplo, el escenario supone que el sospechoso ofrecerá información valiosa al someterlo a tortura. En realidad, no se puede confiar en la propia tortura para obtener información fidedigna. Los interrogadores profesionales han hecho hincapié, en repetidas ocasiones, en que los interrogatorios son mucho más eficaces cuando no se hace uso de la tortura.

Los supuestos en que descansa el argumento de la “bomba de relojería” también pueden, por extensión, utilizarse para justificar el uso de la tortura en un amplio abanico de situaciones.


Hipótesis ocultas

El escenario también contiene algunas hipótesis ocultas que habría que desenmascarar.

El propósito del torturador es conseguir la información necesaria

Aunque el torturador realmente comenzara a actuar con una sincera intención de obtener la información necesaria, la tortura corrompe a su perpetrador. Se trata de un componente inherente al acto de torturar. Además, la hipótesis que defiende que la tortura tenía puramente como objetivo la recopilación de información es demasiado simplista. En las situaciones de la vida real pueden imponerse otras motivaciones o emociones, como la ira, el castigo y el ejercicio de poder.

Se trata de una situación aislada

No obstante, toda autorización de tortura conduce invariablemente a una pendiente peligrosa, en la que el uso de la tortura está cada vez más extendido e, incluso, aceptado.