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GUEST BLOG - María Luisa Romero: Las mujeres invisibles en el Día Internacional de la Mujer

viernes, 8 marzo 2019

Hoy no es un día para celebrar ni felicitar. Es un día para reflexionar y accionar sobre la histórica discriminación, desigualdad y opresión que han sufrido y siguen sufriendo las mujeres. Hoy dedico mi reflexión a un grupo de mujeres que se encuentra en una situación particular de invisibilidad, aquellas en privación de libertad.

Las mujeres casi siempre son minoría en las poblaciones penitenciarias. Esto las invisibiliza no solo ante las instituciones estatales, sino también ante la sociedad. Los sistemas penitenciarios usualmente no consideran las necesidades de las mujeres y más bien se centran en modelos de atención centrados en los hombres. En parte reconociendo esto, en el 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó las Reglas de Bangkok, 70 reglas que tienen como objetivo guiar las políticas públicas y a los servidores públicos para que atiendan las necesidades especiales de las mujeres en encierro.

Panamá está intentando poner rostro a estas mujeres invisibles. El primer paso para atenderlas de manera más integral fue estudiar cuáles exactamente eran sus necesidades, a través de un diagnóstico que proporcionó un perfil de la mujer privada de libertad en Panamá: 81% son madres, 66% solteras, 68% jefas de hogar, 18% extranjeras y 70% cometieron delitos menores de droga (me atrevo a sostener que estas cifras son muy similares en muchos de los países de la región). A partir de las recomendaciones, se han llevado diversas acciones para visibilizar a estas mujeres, proteger sus derechos y proporcionarles mejores oportunidades para su reinserción.

Para crear conciencia sobre la violencia contra la mujer, Panamá se unió a la campaña “Únete” de las Naciones Unidas, vistiendo a los centros penitenciarios de naranja los 25 de cada mes y realizando actividades de capacitación y sensibilización. Para el diseño del nuevo Centro Femenino en Ciudad de Panamá, se hicieron, por primera vez, consultas y mesas de trabajo con las mujeres privadas de libertad y los servidores públicos de centros femeninos. Para reducir el hacinamiento en los centros femeninos, se otorgaron rebajas de pena y libertades condicionales que, sumado a la instauración del Sistema Penal Acusatorio, lograron reducir significativamente la población (en el principal centro femenino del país de 1012 en el 2014 a 652 en el 2019).

Para aumentar las oportunidades de reinserción, se institucionalizó la producción de la obra musical Detrás del Muro que busca que a través del arte las mujeres privadas de libertad expongan sus testimonios y pidan perdón, lo cual transmite un poderoso mensaje de prevención y sensibiliza sobre la violencia y la privación de libertad. Se retomó también el programa Mi Voz para tus Ojos, a través del cual mujeres privadas de libertad graban audiolibros, un proceso que a la vez que las capacita en temas de narración y locución, les lleva literatura a personas con discapacidad visual.

Apostándole a la educación, se celebraron las primeras graduaciones universitarias de mujeres privadas de libertad, a través del programa de la Universidad de Panamá en el Centro Femenino, que por su éxito fue replicado para los hombres privados de libertad. Este programa llevó también a la publicación del primer libro escrito por mujeres privadas de libertad en Panamá: “En este lugar”, donde algunas mujeres relataron sus experiencias y esperanzas vividas desde el encierro. Finalmente en el área de segundas oportunidades, se lanzó la primera marca penitenciaria panameña, IntegrArte, que busca nuevas perspectivas de reinserción socio-laboral para las personas privadas de libertad con la comercialización de productos artesanales de calidad elaborados dentro de los centros penitenciarios.

Al igual que la lucha más general de las mujeres por la equidad, todavía falta muchísimo por hacer para que estas mujeres invisibles tengan igualdad de derechos. La implementación de la nueva carrera penitenciaria debe resultar en formación y educación continua que incorpore las Reglas de Bangkok y derechos humanos. A los bebés que estén en la primera unidad maternal del país, en el nuevo Centro Femenino, se les debe dar una atención adecuada. El recién establecido Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura debe entender los riesgos particulares que enfrentan las mujeres privadas de libertad. Se requiere adoptar una política penitenciaria nacional con enfoque de género. Necesitamos que el sistema judicial, la Asamblea Legislativa y el sistema penitenciario en conjunto revisen el impacto del encierro en las mujeres que cometen delitos relacionados con droga. Está pendiente, a partir de un diagnóstico elaborado con UNICEF, el desarrollo de un modelo de atención para los hijos e hijas de mujeres privadas de libertad, a fin de mitigar a través de apoyo social las consecuencias negativas que puede tener en familias el encarcelamiento de mujeres madres. Y la sociedad civil y la empresa privada deben apoyar el proceso de reintegración social de estas mujeres cuando recuperan su libertad.

Sin duda, hay mucho espacio para accionar y visibilizar.

María Luisa Romero fue Ministra de Gobierno de Panamá y es experta independiente del Subcomité para la Prevención de la Tortura de las Naciones Unidas. Las opiniones expresadas en este artículo son a título personal.

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